16/04/09

Demasiada carga

El pequeño caracol iba lentamente caminando, con un paso lento, rítmico y seguro. No utilizaba tanto el caparazón para protegerse sino como para llevar a cuestas todos sus sueños e ilusiones.

Fue pasando el tiempo, más rápido de lo que él le gustaría. Su cuerpo empezó a achacar el peso de los años, pero sobre todo de tantos y tantos proyectos que se fue echando a la espalda.

Eran sueños sin cumplir que cada día veía más lejanos, muchos de ellos irrealizables. Con determinación decidió deshacerse de todo aquello que de una ingenua y bonita ilusión pasó a convertirse en frustraciones y debilidades que le impedían continuar caminando.

Y ahora más que nunca con los pies en la tierra, el pequeño caracol sigue deslizándose por los caminos, a paso lento, pero más seguro que nunca, y sobre todo, ligero y con esperanzas renovadas.

07/04/09

La cuenta atrás ha comenzado...

El miércoles 15 de abril habrás vivido 9.855 días, 236.520 horas, 14.191.200 minutos, 851.472.00 segundos.

No te preocupes, en el fondo no es tanto. Piensa que tu parchís particular vamos a seguir queriéndote tanto como hasta ahora al menos otros 9.855 días, 236.520 horas, 14.191.200 minutos, 851.472.00 segundos.


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01/04/09

La esperanza de las pequeñas cosas

Cuando creo que todo va a salir mal y no encuentro motivos para sonreir, bajo la vista hacia el reloj del ordenador y miro: las 11.11 de la mañana. Bien, me digo, y a partir de ese momento tengo la certeza de que el resto del día traerá cosas buenas.

A veces me puede el ensimismamiento y todo se me queda en blanco. Basta confundir un edificio en llamas con un amanecer para saber que existen otros colores.

La soledad no es siempre un estado de ánimo, sino que se convierte más veces de las deseadas en algo palpable. Es en esos momentos cuando aparece un reflejo surgido de la nada, te sobresalta y provoca que tu risa vuelva a acompañarte.

Y cuando piensas que el mundo te ha abandonado, que nada tiene sentido y que el caos campa a sus anchas por tu mediocre vida, una simple tilde restablece el desorden y la maquinaria vuelve a funcionar a la perfección.